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El pavimento original de Gran Vía merece quedarse

Hace pocos años, el Ayuntamiento de Madrid celebraba a bombo y platillo el siglo de vida de la apertura de la Gran Vía. En 2010 se cumplían 100 años desde que se empezó a abrir -por medio del tejido urbano- una vía ancha y espaciosa, con una ordenanza especial que permitía subir las alturas para presuntamente compensar la pérdida de suelo edificable.

No era casualidad que el Ayuntamiento quisera homenajear un hecho que justifica históricamente las transformaciones urbanas que conllevan un jugoso aprovechamiento económico, pues parece legitimar actitudes similares hoy en día.

Para celebrar el mencionado centenario se puso una gran moqueta azul que recorría la Gran Vía de cabo a rabo, desde el esquinazo de Alcalá hasta la antigua Plaza de San Marcial, ampliada con el derribo del Cuartel de San Gil y que se convirtió en la Plaza de España. 

El monumento de Cervantes, se levantó entonces para celebrar en 1916 el tercer centenario del deceso de Miguel de Cervantes (desde MCyP se lanzó recientemente este INFORME para solicitar su protección y evitar su traslado o su recomposición alterando su morfología).

Durante la celebración del centenario, sin embargo, poco se hizo por la Gran Vía o su arquitectura. No se aprovechó para lanzar una campaña de rehabilitación de sus edificios; no se recuperó ni un solo elemento perdido, ni la farola modernista de gran porte que se ergía en el centro de la Plaza del Callao, ni las decoraciones escultóricas u ornamentales de los edificios que jalonan sus aceras.

Todo el homenaje se convirtió por tanto en un hecho simbólico, meramente teórico, que no supuso ninguna acción urbana para dar lustre y recuperar el esplendor de esa época y devlver las arquitecturas a su estado original, que bien habría valido la pena. 

Ocho años después de aquella onomástica, nos encontramos en un 2018 con las aceras levantadas para reducir el aforo de tráfico, una cuestión necesaria para mejorar la movilidad y ganar espacio para el peatón; al mismo tiempo, se está interviniendo sobre la igualmente histórica estación de Metro en la Red de San Luis. También recientemente veíamos aparecer los restos originales del pozo de ascensores que se remataba con el famoso templete de Antonio Palacios, hoy reubicado en Porriño.

Todas estas obras han sacado a la luz el estrato -prácticamente intacto- de 1910-1920 en que se pavimentó la calzada con adoquines de granito; solados que el Ayuntamiento ha tratado de reproducir en otras calles en los últimos años. Hemos visto aparecer partes de carriles de nuestros añorados tranvías. 

Últimamente ha quedado a la vista el adoquinado original en la esquina del icónico Edificio Metrópolis, en el encuentro con la calle de Alcalá. Es un suelo cuya colocación quedó registrada en una imagen de 1913, que nos aporta vía twitter Javier Alocén. También esta red ha tenido gran repercusión nuestro twit con la imagen de los adoquines.

El estado extraordinario de conservación de este suelo y su magnífica ejecución material harían posible su permanencia y recuperación para disfrute de cualquiera que pasee por allí, por no hablar del refuerzo contextual que supone al basamento del Metrópolis.

Y es que las cosas buenas hay que valorarlas. No es sólo que se trate de un suelo histórico, sino que es su excepcional calidad la que debería despertar la sensibilidad de las autoridades municipales, y que pudieran plantearse cambiar el rumbo del proyecto, incorporando este solado al entorno. Es una oportunidad estupenda, aunque también es cierto que en Madrid somos expertos en perder y desaprovechar las oportunidades continuamente.

Estamos a tiempo de hacer algo interesante. ¡Anímense concejales!

ENLACES RELACIONADOS

Blog de MCyP: "Aparece el pozo de ascensores original en la estación de Gran Vía"

 

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