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METRO celebra su centenario destruyendo el acceso original de Gran Vía

Las obras de ampliación de la estación de Gran Vía se llevan por delante los restos originales del Metro cuando se inician los actos de conmemoración del centenario.

Un año antes del centenario de la inauguración ya lucen dos flamantes parejas de trenes recuperados de la colección de coches clásicos que atesora la compañía de Metro de Madrid. A su vez la Comunidad de Madrid tiene en obras la estación de Gran Vía desde hace meses con la intención de conectarla con Cercanías-Sol y dotarla de accesibilidad universal. Incluso se prevé la recuperación en superficie del templete original de Antonio Palacios.

Hasta aquí todo parece loable; sin embargo, cuando se dio a conocer el proyecto se pudo comprobar que la previsión contemplaba un vaciado de terreno de vastas dimensiones, incluyendo el espacio que ocupaba el pozo de acceso original a la estación, inaugurada en 1919. Preocupados por la suerte que pudieran correr sus restos, en noviembre de 2017 advertimos desde MCyP a la Dirección General de Patrimonio Cultural (DGPC) que el proyecto coincidía con la ubicación de parte desaparecida de la estación y que con toda probabilidad se hallaba condenada pero conservada ‘in situ’, pues cuando una estructura subterránea queda en desuso no se elimina sino que se entierra sin más. Y al tratarse de una estación de ferrocarril anterior a 1936, por la Disposición Transitoria Primera de la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, contaba con la consideración cautelar de Bien de Interés Patrimonial (ver documento).

En diciembre de 2017, apenas un mes después, la DGPC nos contestó por escrito asegurando que las partes en desuso de la estación (acceso y vestíbulos originales) se habían destruido en los años 70 y no quedaba nada: “las ampliaciones de la estación de Gran Vía realizadas, se hizo demoliendo el pozo de ascensores de la Red de San Luis y sus escaleras. Las galerías anejas fueron igualmente demolidas”. La cuestión era que la DGPC se eximía así de intervenir ‘a priori’, dado que no hay nada que proteger si nada se conserva.

Pero ya en febrero de 2018 -antes de empezar las obras- se supo que sí se mantenía el vestíbulo ampliado en 1934 -cuya existencia nosotros habíamos adelantado partiendo de los planos originales guardados en el Archivo General de la Administración- y El País y El Español publicaron una vista del mismo que confirmaba lo que MCyP aventuró: había restos conservados a pesar de la categórica negativa de la Comunidad de Madrid. Y a mitad del verano, con la estación ya en obras, apareció el remate del pozo, visible en una foto publicada en El País. Sonaron todas las alarmas: el acceso también se conservaba.

Tras una cuidadosa excavación arqueológica, que –por imprevista- exigió ampliar el presupuesto pero que presagiaba la recuperación de la configuración original de la estación de Gran Vía en paralelo a su ampliación y puesta a punto, se ha desvanecido la ilusión: todo lo encontrado ha sido demolido, borrando la traza del acceso original a la estación cuyo remate era el famoso templete antes mencionado. Las explicaciones ofrecidas por la DGPC, menospreciando el valor de lo descubierto, llegan tarde; las fotos tomadas durante las excavaciones desde edificios vecinos han ofrecido una vista lo suficientemente clara sobre los elementos arquitectónicos aparecidos, desde la estructura perimetral del pozo hasta la escalera con sus pilares metálicos, zancas, zanquines y zócalo escalonado en la pared, así como ornamentos cerámicos, incluido un escudo idéntico a otros que adornaron la línea 1 de Metro que fue publicado en un artículo a toda página en El País, y del que se conserva un único ejemplar en la estación de Tirso de Molina.

Somos conscientes de que el estado de deterioro que pudiera tener la estructura metálica, luego de permanecer enterrada y en constante humedad durante décadas, podría impedir su reutilización, pero no es excusa para no haber ideado un proyecto de apeo simultáneo a la excavación que permitiera descubrir todo lo conservado y un posterior proyecto de restauración que permitiese -sustituyendo las piezas en mal estado- recuperar la configuración original trazada por el arquitecto oficial de la compañía, Antonio Palacios Ramilo, quien diseñó espacios, acabados, y edificios auxiliares como las Cocheras históricas. Desde MCyP creemos que ha sido un error de cálculo grave no contar con la más que probable aparición de restos que, de haberse previsto, habrían podido ser integrados por los ingenieros de Metro en la estación reformada; pero es que además su destrucción podría ser constitutiva de un presunto delito contra el Patrimonio Histórico, por lo que hemos interpuesto una denuncia de los hechos ante la Fiscalía Coordinadora de Medio Ambiente y Urbanismo.

Una vez más, lamentamos tener que poner de manifiesto estos hechos, y tener que luchar contra la Administración Pública -con la que preferiríamos colaborar constructivamente- para defender la conservación y puesta en valor del Patrimonio que, por desgracia, seguimos viendo amenazado.

Agradecemos encarecidamente el seguimiento fotográfico de la excavación a Ezequiel Villajos, y el cartel del templete a Tina Paterson.

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