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Derriban un volumen que formaba parte del conjunto de la Nave de Motores de Pacífico, obra de Antonio Palacios

La Comunidad de Madrid admite el derribo de una parte de la Central Eléctrica de Metro en Pacífico, que es Bien de Interés Cultural desde 2012. La antigua nave de acumuladores formaba parte del diseño original de Antonio Palacios, de 1923.

La Central de Pacífico es un singular edificio situado en la calle Valderribas, esquina a la calle Sánchez Barcáztegui, que tiene la particularidad de conservar intacta la maquinaria original de producción eléctrica. Diseñada por el arquitecto de Metro, Antonio Palacios entre 1923 y 1924, el edificio se componía de varios volúmenes formando una pieza integral. Cada pieza tenía un uso concreto: oficinas, sala de motores, nave de acumuladores, depósitos subterráneos de combustible y una vivienda exenta a modo de hotelito, para el ingeniero jefe.

El pabellón de acumuludores, ahora derribado, había sufrido reformas que lo alejaban de su diseño original, pero seguía ocupando la misma superficie, y en parte se incorporaban los muros originales. Como se puede ver en la foto del derribo, queda el paso original ahora tapiado, entre la nave de motores y la de baterías.

Cabe plantearse si la interpretación del Patrimonio como una contemplación de restos inconexos es adecuada a la percepción del Bien y ayuda a su interpretación, o por el contrario falsea el discurso y fragmenta su comprensión. Habría miles de intervenciones posibles para este conjunto que no conllevasen la amputación de un volumen que tiene una elevada importancia compositiva con el diseño global del edificio. 

Palacios concibió en esta obra una clarísima diferenciación de los usos específicos de cada parte, dando al conjunto un juego entre las distintas formas, alturas y ritmos. Los retranqueos, cambios de alineaciones y la diferencia de escalas no sólo crean una escenografía urbana de gran interés y riqueza, sino que además ayudan a potenciar su expresión arquitectónica.

La demolición de esta pieza evidencia de nuevo la pobreza de criterios con los que se opera en la ciudad, en la que se desprecian muchos valores y se niega potenciar los existentes para mayor disfrute sensorial de la ciudadanía. 

También son lamentables las continuas agresiones a la obra de Antonio Palacios. En la última década hemos visto desaparecer buena parte de sus diseños para Metro de Madrid, como los antiguos talleres en superficie en la propia calle Valderribas y con salida por la calle Granada. Algunos otros casos, como las Cocheras de Cuatro Caminos, siguen amenazados.

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