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ANTE LA DESAPARICIÓN DE PARTE DE LOS RESTOS EXCAVADOS EN CALLE BAILÉN

Estos días de incertidumbre en los que parece imposible acudir, estar pendiente, de unos trabajos que por los resultados fructíferos de la excavación habrían de devenir en una cuidadosa puesta en valor de los mismos, recibimos consternados la denuncia de varios vecinos ante su sorpresa al ver cómo se demolía y hormigonaba después gran parte de la superficie descubierta.

 

 

Son varias las noticias que parecían asegurar la conservación in situ de los restos descubiertos en la calle de Bailén, pero al parecer, la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid (DGPC) sólo ha exigido que se conserven los correspondientes al palacio llamado de Grimaldi o de Godoy -hoy Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, dependiente del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática-, que era obligatorio mantener pues en 2000 fue declarado Bien de Interés Cultural por Real Decreto 1714/2000 de 6 de octubre; sin que se sepa cuál es el criterio seguido para permitir la destrucción de los restantes elementos que el vecindario esperaba que se conservasen, máxime después de la difusión que se ha hecho en distintos medios de estos hallazgos y de la aparente voluntad municipal de musealizarlos.

 

Calle Bailen en 1931, con la Regalada y el  Palacio de Godoy antes de su demolición Mundo Grafico, Año XXI, no 1.005, 04-02-1931. Foto Cortés

 

La aparición en este lugar de restos importantes para la Historia de Madrid no debería ser una sorpresa, pues era sabida la importancia de las distintas edificaciones –primero ligadas al Alcázar de los Austrias y luego al Palacio Real-  que se superpusieron en el mismo, desde la caballeriza Regalada de Felipe II en el solar del actual Senado, a las de Sabatini donde los actuales Jardines que llevan su nombre. Además, las demoliciones para ensanchar la calle de Bailén fueron efectuadas en 1931, fecha relativamente reciente que permite contar con abundante información gráfica al respecto. Pero ningún estudio previo puso de manifiesto que bajo la calzada acabarían apareciendo casi completos los sótanos del trozo del palacio demolido; así como atarjeas y canalizaciones, el muro contrafuerte de lo que debió ser la cimentación de las Caballerizas de Sabatini, y cimientos de las restantes edificaciones, que son también a nuestro juicio del máximo interés, y que configuraban un “paisaje” arqueológico de primer orden. Y eso sin contar los restos descubiertos del desaparecido Cuartel de San Gil en la plaza de España, al otro lado de la cuesta de San Vicente.

 

Derribo del palacio de Godoy. Nuevo Mundo, Año XXXX, nº 2.031, 10-02-1933. Foto Cortés Muros de contención de las Reales Caballerizas. 25 de septiembre 1935.

 

Hay varias cosas inquietantes en las decisiones tomadas por la DGPC en connivencia con el Ayuntamiento:

La primera es que los trabajos arqueológicos previos no sean determinantes para la realización, o no, de un proyecto arquitectónico, a la vista de sus resultados. 

La Arqueología, no puede ser, no debe ser un trámite que sólo sirva cínicamente para reafirmar una voluntad constructiva inamovible cualquiera que sea el resultado de los estudios previos. Sus conclusiones deberían ser determinantes para proseguir o no con esas expectativas edificatorias; y en todo caso, cuando los restos aparecidos –aun de modo imprevisto- sean de suficiente interés debería exigirse su documentación y conservación in situ, aunque haya que renunciar al proyecto urbanístico planeado. Al negar esta posibilidad, los arqueólogos dejan de ser científicos sociales para convertirse en meros “liberadores de terrenos”.

Podríamos añadir que esta situación se agrava cuando hablamos de un proyecto innecesario según muchas voces -incluida la nuestra-, que cambiará la fisonomía de la plaza de España y del entorno del Palacio Real de un modo caprichoso y ajeno al respeto debido a un importantísimo espacio consolidado con singulares elementos arquitectónicos  y vegetales. Ha sido necesaria una declaración precipitada como Bien de Interés Patrimonial del monumento a Cervantes, solicitada y documentada por MCyP, para que al menos se conserve en su posición actual y no se vea alterado. 

La segunda inquietud procede de llevar al límite un proyecto innecesario, trasponiendo en su longitud aquella primera actuación ya consolidada del túnel bajo la plaza de Oriente que dio al traste con importantísimos restos del antiguo Alcázar, trastocando el uso de la plaza y su visualización con esas bocas de acceso que impidieron para siempre actos representativos consustanciales a Palacio que allí tenían lugar. La prolongación de su trazado tiene el mismo poco sentido, máxime cuando se pretende -o se dice pretender- la limitación de entrada de vehículos al centro y teniendo la vía perimetral M-30 a escasa distancia. 

Otro motivo de preocupación es la intención de “trasladar los restos no esenciales a otro lugar”.

Trasladar de emplazamiento los restos de una cimentación o de un elemento constructivo no tiene ningún sentido. Las propias leyes de protección del Patrimonio lo prohíben expresamente y sólo se justifica legalmente de modo muy excepcional. No es el caso. Una cimentación, unos muros, tienen el  valor de su posición, materiales, características constructivas etc. siempre vinculadas al edificio del que formaron parte. Sería aberrante mantener musealizados, pero descontextualizados, unos metros cúbicos de una fábrica demolida cuyo principal interés radicaba precisamente en situarla espacialmente en su lugar. No hay que olvidar que en los almacenes de materiales municipales del Taller de Cantería de la Casa de Campo se acumulan desde hace ya demasiados años importantes restos arqueológicos desplazados del lugar donde fueron hallados, como los restos del primitivo Puente de Segovia, que aparecieron durante las obras de Madrid Río y que tras un costoso proceso de extracción y traslado yacen abandonados en ese lugar; contraviniendo además la Ley de Patrimonio de la Comunidad que exige que pasen al Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares.

 

Restos de las bóvedas de la calle Serrano  en el Taller de cantería Restos del antiguo Puente de Segovia en el Taller de Cantería

 

También preocupa el criterio y tratamiento de las superficies excavadas.

Corresponde a la DGPC decidir qué se conserva a luz de los informes arqueológicos, pero duele la demolición aparentemente poco cuidadosa y la capa de hormigón con que se han cubierto parte de estas superficies  liberadas. A esto se refieren las denuncias y documentación que se nos ha hecho llegar poniendo el acento en la especial situación de confinamiento sanitario en que nos encontrábamos cuando se realizó.

Esperemos que las administraciones atiendan al valor de la totalidad de los restos aparecidos. La reducida selección de los elementos a conservar parece más una operación de cosmética que un verdadero compromiso con mostrar a la ciudadanía su pasado al completo, sin filtros. Como en cualquier otro ámbito de lo público la transparencia en las decisiones, proyectos y conclusiones quizá nos ayudarían a comprender estas decisiones que por otra parte solo salen a la luz cuando la sociedad vigilante presiona a sus políticos.


Madrid, 4 de mayo de 2020

 

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