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"VUELTA AL COLE": SUCESOS PATRIMONIALES DE ESTE VERANO DE 2021

En un momento (del COVID) en que todo se ha vuelto más digital que nunca, sin embargo, las noticias de Patrimonio Cultural siguen atrapadas en una especie de bucle temporal, en el que seguimos igual o peor que hace varias décadas. Parece que no hubiéramos aprendido nada de la época arrasadora por excelencia: el Desarrollismo de los años sesenta.

Lo peor sin duda ha sido la impunidad con la que el Ayuntamiento de Madrid ha actuado al consentir la demolición de las históricas Cocheras de Metro en Cuatro Caminos, a pesar de haber sido anulado el planeamiento por el TSJM, y por ende siendo la licencia ilegal, tal y como ya se les advirtió desde MCyP. Es un varapalo no sólo contemplar la destrucción del Patrimonio, único e irrepetible, sino encima ver que las propias fuerzas públicas, lejos de cumplir su papel democrático, siempre actúan bajo la sospecha de defender antes intereses particulares que generales. No se comprende además que no hayan encontrado una solución de compatibilidad.

Curiosamente, y a la vez que se destruían las primeras Cocheras y Talleres de Metro -de Antonio Palacios-, con la irónica brutalidad que caracteriza la hipocresía de los tiempos, se coronaba la estación de Gran Vía con una réplica del templete palaciano desaparecido precisamente durante el “desarrollismo” antes mencionado.

En este verano, no obstante, parece haber brillado con fuerza el imposible triple salto mortal de la candidatura UNESCO del Prado-Retiro, obteniendo la nominación de Patrimonio Mundial contra todo pronóstico. Y no porque no lo merezca, sino porque lo han otorgado a pesar de lo desatendido que está el Patrimonio que concierne a esa candidatura, cuando no amenazado por ideas trasnochadas como hacer un macro aparcamiento contra el propio Retiro. El sabor es amargo: cuántas cosas por mejorar en el entorno del Prado-Retiro, como ampliar aceras, reducir tráfico y contaminación, incluso restaurar edificaciones históricas y poner en valor elementos del histórico jardín del Buen Retiro, como el castillete meteorológico, o la montaña artificial, varios años abandonada.

Desde que empezó la pandemia hemos visto desaparecer silenciosamente el Real Cinema, primera gran sala de cine de Madrid, y con una gran trayectoria, que ni la administración local ni autonómica han valorado ni han sabido aprovechar para potenciar la historia de nuestra capital. Estos días van rematando el hotel anodino que los sustituye, construido como un hojaldre de chapados de piedra y pladur.

La aparición de este hotel parece haber ido directamente relacionada con otro cambio de pavimento en la calle Arenal, con un carril central asfaltado que ha suscitado no pocas críticas; aunque en cuestión de obras viarias, la que se lleva la palma es la de la Plaza de España. Con mucho arbolado perdido en la propia plaza, la sensación de caos en el cruce de Bailén con la Cuesta de San Vicente es creciente. La presunta mejora de accesibilidad es dudosa en cuanto se repara en la cantidad de desniveles, muros, y volúmenes de hormigón que emergen y conforman el paisaje, sin terminar de convencer el resultado. Además, finalmente se ha destruido parcialmente el cierre de los jardines de Sabatini que la DGPC aseguró que se iba a respetar. Lo de siempre.

Otros deberes siguen sin hacerse: la Casa de Vicente Aleixandre sigue abandonada y ni siquiera se da el primer paso de protegerla debidamente. Recordemos que la del otro Nobel, Ramón y Cajal, fue vendida y compartimentada para sacar varios pisos a pesar de estar situada en ese Paisaje de las Artes y las Ciencias para el que se ha logrado el título de Patrimonio Mundial. Muy triste, pero para la Comunidad de Madrid la protección sólo parecen merecerla las cosas cuidadas y bonitas, y las que no, no son tratadas como Patrimonio. Un concepto un tanto obsoleto.

En términos de memoria histórica, la ciudadanía democrática se ha llevado un auténtico palo con la justicia, que obliga a reponer el callejero franquista con la vía dedicada a Millán Astray. En otro sentido, con mucha más paciencia y sin ningún afán protagonista, la delegación española del proyecto internacional de Stolpersteine, ha conseguido instalar varios de estos adoquines que recuerdan los lugares donde vivieron personas que fueron secuestradas y arrastradas a campos de concentración. Al menos, un poco de esperanza.
Afortunadamente, de la región también llega alguna buena noticia, como el reciente anuncio de la adquisición por parte del consistorio de Talamanca del Jarama de la antigua cartuja de la localidad.

Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid sigue con la intención de renovar el catálogo municipal de Bienes Protegidos, y desde Más Madrid se ha lanzado un proyecto ciudadano participativo –bautizado Cuidar Madrid- en el que se brinda abiertamente a realizar coralmente un catálogo complementario de elementos de la ciudad que la gente quiera proteger por su valor, desde arquitectónico a inmaterial o incluso identitario, con especial énfasis en proteger los barrios periféricos, que carecen casi por completo de elementos catalogados, incluso siendo núcleos de población históricos.

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