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Teddy Bautista y el Palacio de Boadilla del Monte

A continuación os adjuntamos la carta que escribió Teddy Bautista al diario ABC el 8-12-09 y la contestación de Paloma Olmedo publicada en el mismo medio el 17-12-09.

El sueño de Eduardo Bautista

EDUARDO BAUTISTA GARCÍA, Presidente Ejecutivo SGAE

8-12-2009 04:45:58

En la edición de ABC de este sábado, se asegura que mi sueño (por Eduardo Bautista, presidente de la SGAE) es un proyecto que concierne al Palacio del Infante Don Luis en la localidad de Boadilla del Monte. Como quiera que la periodista no me ha consultado acerca de mis sueños, le brindo a ella y a los lectores de su apreciado medio la aclaración correspondiente. Tengo, como cualquier ciudadano instruido y esperanzado, mis sueños, el más importante es que mis hijos se desarrollen en una sociedad respetuosa y observante de valores y principios, cultivando la verdad y el amor al prójimo, o sea, la tolerancia y la generosidad. Que expulse los juicios paralelos y las causas generales (inquisitoriales), y profese el reforzamiento del Estado de Derecho. Lo de la restauración del Palacio del Infante, nunca ha sido un sueño, más bien un servicio a la sociedad civil: levantar un Centro Cultural donde ahora sólo hay unas ruinas, invertir en el proceso treinta millones de euros, donados generosamente por Autores y Editores, para crear 250 puestos de trabajo y programar, junto a dos de las universidades más prestigiosas de este país y una de las mejores escuelas de negocios del mundo, un Centro de Conocimiento y una Incubadora de Talento. Como ven, no es cuestión de sueños rotos, es el eterno problema de perder oportunidades, distraídos por la burocracia y el ruido mediático, sin abordar el futuro, apostando por la excelencia educativa y los nuevos patrones de productividad.

 

Tengo un sueño

ABC.es › Opinión (jueves 17 de diciembre de 2009)

PALOMA OLMEDO, Presidenta de la Asociación de Amigos del Palacio de Boadilla del Monte

A mí tampoco me preguntó nadie acerca de mis sueños, señor Bautista, y también quiero brindar a los lectores y especialmente a usted las aclaraciones correspondientes. Tengo un sueño, desde hace años, y es ver el Palacio de Boadilla en su esplendor, restaurado, habilitado y disfrutado por todos. Ese magnífico conjunto monumental, legado de nuestra historia, al que usted llama «ruinas». ¿De verdad cree que si fueran ruinas usted se hubiera fijado en él?

Nos habla usted de la «generosidad» de sus autores y editores, ¿Les ha preguntado si estaban de acuerdo en donar los treinta millones de euros? Presumía usted de su amistad con la presidenta Aguirre y por ello iba a conseguir subvenciones públicas, el 30 por ciento de la inversión, según sus propias declaraciones a prensa. Y también pidió una autorización del Ayuntamiento para hipotecar el palacio, que le fue concedida. Entonces ¿Para usted en que consiste exactamente la generosidad? Le ceden gratuitamente el Palacio de Boadilla comprado con el dinero de todos, le subvencionan su proyecto y le dan una hipoteca. Generosidad, sí, pero no la suya.

Lo de la restauración del Palacio del Infante, quizá para usted no, pero para muchos sí ha sido y sigue siendo un sueño, con otros objetivos antagónicos a los suyos, que sea recuperado conservando sus valores históricos y artísticos, que sea un centro cultural para todos, un museo no despachos privados de sus fundaciones satélites, una Capilla que no se convierta en un estudio de grabación de videoclips, una singular cocina, no un «restaurante de autor» privado para usted y sus amigos, unos jardines recuperados y públicos, no unos cubos-chalets para sus invitados. Si de verdad quiere hacer un servicio a la sociedad civil, olvídese de nuestro palacio y deje que nuestro sueño se haga realidad.

Tengo un sueño y en esto coincido con usted, yo también quiero que mis hijos «se desarrollen en una sociedad respetuosa y observante de valores y principios, cultivando la verdad y el amor al prójimo, o sea, la tolerancia y la generosidad». Pero para esto es muy importante decirles siempre la verdad, no basta rodearse de palabras bien sonantes y dar lecciones magistrales de moralidad, la teoría nos la sabemos todos, pero lo importante son los hechos. Usted que es un radical defensor de los derechos de autor, no debería intentar vulnerar los de las demás.

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