Comunicado de la Plataforma en Defensa de la Cultura sobre el atentado contra Charlie Hebdo

COMUNICADO DE LA PLATAFORMA EN DEFENSA DE LA CULTURA

“Je ne suis pas d’accord avec ce que vous dites, mais je me battrai jusqu’à la mort pour que vous ayez le droit de le dire” (Voltaire)

Aún sobrecogidos por los terribles sucesos acaecidos en Paris la semana pasada, la Plataforma en Defensa de la Cultura quiere manifestar su pesar por las muertes –siempre- inútiles de diecisiete seres humanos, el hecho de que veintidós personas hayan resultado heridas y el trauma que para toda persona de bien supone el sufrimiento de la violencia irracional en un mundo que se supone de todos.

Del mismo modo, queremos transmitir nuestras más sentidas condolencias a familiares, amigos y compañeros de los afectados, con el deseo de que la solidaridad de las más de cien asociaciones culturales que componen esta Plataforma ayuden a aliviar, aunque fuera de modo insignificante, la pena y el dolor de todos aquellos para los que habrá un antes y un después tras los tristes acontecimientos referidos.

Por último queremos saludar a la gran nación de Francia, siempre fiel a su lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” e, históricamente, cuna de la cultura ejercida sin trabas ni obstáculos, seguros de que ningún acto infame y pleno de sinrazón conseguirá nunca detener la maquinaria del pensamiento, ni plegar la férrea voluntad de los ciudadanos franceses, consagrados a la paz, la convivencia y la tolerancia.

Quienes han querido acallar con el sonido de sus armas la voz de la libertad han errado el tiro, porque la voluntad de quien cree y transmite sus creencias con la palabra es aún mayor que quien, a falta de argumentación, recurre a la fuerza para tratar de imponer las suyas con la munición del miedo. Tan sagrado como cualquier fe religiosa es el conjunto de las libertades civiles a cuyo culto se han de consagrar todos aquellos seres humanos que aspiran a vivir una vida más completa y más justa; y, de entre todas esas libertades, es la libertad de expresión la que ha sido vil y salvajemente atacada estos días pasados con el cobarde atentado a una revista, Charlie Hebdo, cuyas únicas armas son su inteligencia, sus lápices, la voluntad crítica y el talento de quienes la hacen.

Todos, sí, somos Charlie en estos tristes días cuyas secuelas tardarán tiempo en desaparecer. Todos debemos serlo, independientemente de nuestra ideología y nuestra manera de vivir, de nuestros miedos y nuestras fobias, de nuestras aspiraciones y nuestros tabúes. Cualquier pensamiento en contra sería excluyente y esa exclusión no casa en modo alguno con el mundo y la vida a la que aspiramos.

Para bien o para mal, cada país está dejando de ser un reducto apartado en el resto del mundo, ya que los nuevos avances han globalizado la comunicación y con ello nuestra irremediable convivencia política, comercial y humana. Es por eso que podemos decir que todos somos Charlie Hebdo; que sentimos que nos han atacado a todos, pero que todos sobreviviremos porque nos ampara la voz de la cultura y de la libertad de expresión, la voz de la crítica y de la reflexión, la voz de la no violencia y de los sentimientos humanos.

UNA REFLEXIÓN SOBRE ESPAÑA Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Sin querer establecer ningún tipo de comparaciones acerca de la enorme tragedia vivida en el país vecino, también aquí, en España, conocemos el precio que cuesta mantener intacta la libertad de expresión; también sabemos de la intolerancia de quienes, apoyados en la fuerza de su mayoría, tratan de cercenarla cuando el mensaje que escuchan no es el que desearían oír; cuando la sola expresión de otras voces debilita sus argumentaciones y arroja luz sobre sus patentes líneas de sombra.

Sin ir más lejos, nuestro gobierno, cuyo máximo representante corrió a situarse al frente de la multitudinaria manifestación en Paris, ha aprobado recientemente una Ley-Mordaza cuyo sustrato contiene la misma calidad de intolerancia y cuyo objetivo no es más que acallar voces disonantes, opiniones críticas y todas aquellas quejas que cualquier ciudadano español, por el simple hecho de serlo, tiene todo el derecho a evidenciar.

No podemos dejar a un lado el hecho de que simples humoristas son atacados y juzgados porque su humor no coincide con o incomoda a la ideología dominante, como sucede con Facu Díaz de La Tuerka TV. No pasamos por alto las presiones recibidas por la revista El Jueves a causa de sus portadas, juzgadas como inconvenientes por quienes se arrogar un derecho que realmente no les corresponde: el de silenciar lo que no entienden, lo que les da miedo, lo que hace que la venda caiga de sus ojos y de los nuestros.

La atávica censura, cuya sola mención nos retrotrae a los españoles a un tiempo no muy lejano en el que sentirse libre estaba penado con cárcel o, incluso, penas más duras, sobrevuela de nuevo en este siglo XXI sobre una sociedad que se ha ganado el derecho a ser adulta, a no necesitar salvadores ni guardianes del buen gusto o el decoro. No permitamos que esto sea así. Aprestémonos a defender también aquí el vuelo libre de la palabra. Que los lápices, ahora el mejor símbolo contra la opresión ideológica, nos sirvan a los españoles como mejor arma para desdibujar mordazas. Ahora y siempre.

“Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco.” (Jaume Perich, escritor, dibujante y humorista español)

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