Los monumentos de Madrid no pueden dormir tranquilos: de nuevo la estatua de Álvaro de Bazán

No sabemos qué mal han podido hacer los monumentos de Madrid para que en todas las legislaturas sean objeto de ideas “felices”, que dan a parecer que estorban o caducan. Cuando parecía que ya se habían calmado las aguas, de nuevo vuelve a ser noticia la amenazada escultura de Álvaro de Bazán en la Plaza de la Villa, pues el grupo municipal del PSOE propone instalar en este mismo emplazamiento otra dedicada a Tierno Galván, quien ya cuenta con su propio monumento en el parque de su nombre.

Monumento a Enrique Tierno Galván en el parque con su nombre.

Fotografía: Ayuntamiento de Madrid

Desde Madrid, Ciudadanía y Patrimonio no entendemos que se pueda poner proponer el desplazamiento de una obra histórica como el monumento de la Plaza de la Villa, que además es obra de un grandísimo y reputado escultor como Mariano Benlliure; como tampoco entendemos que se pueda siquiera plantear la demolición o traslado del dedicado a Cervantes en la Plaza de España.

Ya en 2013, el entonces responsable del área de las Artes abrió un dudoso "debate" para sustituir la estatua del marqués de Santa Cruz por una de Felipe II, que no era sino la copia moderna de la original de Leoni que había permanecido en la anteplaza de la Armería la segunda mitad del siglo pasado. La polémica fue grande pues parecía más bien obedecer a un capricho que a un argumento sólido, aunque –por fortuna- finalmente no se llevó a cabo.

No nos oponemos a que se dediquen nuevas placas, grupos escultóricos o calles de Madrid a quienes lo merezcan, pero sin perjuicio para los topónimos locales históricos ni para los monumentos legítimos ya asentados y asimilados en el paisaje urbano. Si se ha de proponer un cambio, que sea en todo caso para recuperar las ubicaciones originales de los desplazados (la mayor parte); y si se han de añadir nuevos elementos, que se haga enriqueciendo otros espacios urbanos de la ciudad. Parece un contrasentido defender la descentralización -concepto asumido desde la Transición que llevó a trasladar fuera del centro edificios públicos como la Asamblea de Madrid o el Auditorio Nacional-, y en cambio considerar que el centro de la ciudad es el único sitio donde se pueda ensalzar la memoria de uno de sus más destacados y queridos regidores, aunque para ello deba desvirtuarse un ámbito histórico emblemático.

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