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OPINIÓN: La banalidad de despreciar nuestro entorno (#PuertasDeMadrid)

Hay a veces situaciones para las que nadie se explica qué es lo que falla en esta sociedad.

¿Cómo es posible que en el centro histórico, las vecinas y vecinos de Madrid no cuidemos y mimemos el tesoro de ciudad que tenemos?

A pesar de ser una ciudad que ha sufrido guerras, desamortizaciones, destrucciones azarosas, y haber perdido piezas magníficas de nuestro patrimonio histórico, cultural, arquitectónico y artístico, conservamos un centro histórico de gran interés, con un caserío que no hay en otras capitales europeas, que tuvieron mucho auge con la industrialización y sustituyeron su caserío histórico a finales del XIX y principio del XX, u otras ciudades centro europeas arrasadas en las Guerras Mundiales.

En Madrid tenemos una arquitectura muy variada, y en muchos casos con gran interés, pero no sabemos valorarla. Por sernos cotidiana la despreciamos. Por ese afán publicitario del consumo en que nos incitan a desear lo nuevo por lo nuevo y despreciar lo viejo por lo viejo.

Así es como llegamos a este caso que hoy denunciamos, pero que se repite como una maldición y por goteo constante: la sustitución de carpinterías originales en edificios históricos. Se tiran las puertas de madera buenas, hechas a mano por oficios que cada vez hay menos, se tira un material de primerísima calidad para poner una burla, una caricatura de puerta con aspiración de clase y macoyitas doradas... ¡Una lástima! Una sociedad que desprecia estos valores ¿qué puede aspirar a legar a las generaciones futuras? ¿Una sonrisa de plástico? ¿Un sueño polimérico? ¿la muerte de la vida? ¿la extinción de la estética, del gusto y de la inteligencia?

Tomemos conciencia, y despertemos de esta pesadilla. 

Firmado: @PuertasDeMadrid

SUSTITUCIÓN DE UNA PUERTA ORIGINAL EN LA CALLE MORATÍN, 16 DE MADRID

ESTADO ORIGINAL EN GOOGLE STREETVIEW

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ENTREVISTA sobre el Patrimonio oculto madrileño en La Vuelta al día de @M21madrid

Recuperación de los jardines del Palacio de Boadilla

Avanzan poco a poco las obras en los jardines del Palacio del Infante en Boadilla del Monte. Es una buena noticia para nuestro Patrimonio Cultural, tanto desde el punto de vista del paisaje como la arquitectura. El conjunto de palacio y jardines que el infante Don Luis, hermano de Carlos III, encargó en el siglo XVIII a Ventura Rodríguez, empieza a recuperar su esplendor perdido. 

Tras muchos años de reivindicaciones de la Asociación de Amigos del Palacio de Boadilla, en que el palacio estuvo cerrado y abandonado, ha cambiado el sino de los tiempos y parece que poco a poco se comprende el potencial del patrimonio en nuestra sociedad. Por un lado, Boadilla ha registrado un incremento de un 31% sus visitas el año pasado; y es que tener algo que enseñar es motivo para el desplazamiento de gente curiosa.

Ahora, cualquiera que se acerque a Boadilla, puede ver el ritmo al que avanzan las obras de recuperación de la huerta baja -la tercera terraza de los jardines- y que cuenta con un proyecto de recuperación del trazado original en retícula con árboles frutales y especies que estuvieron allí presentes, ideado por Lucía Serredi, la misma que ya recuperase el ajardinamiento de la terraza superior.

Una de las acciones más afortunadas en la rehabilitación de los portones bajos ha sido la excavación del basamento, que se encontraba totalmente enterrado, deformando la esbelta proporión del arco. Sin embargo, el terreno de alrededor está tan recrecido que queda en un hoyo. Quizás se podría solucionar ese aspecto rebajando la cota hacia el antiguo arroyo que corría en paralelo por el exterior.

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ENTREVISTA a Alberto Tellería sobre las obras de Canalejas en @HoyxHoyMadrid

 

Repaso a la destrucción de las obras de la Operación Canalejas, la sentencia en contra sobre la Cocheras de Metro de Cuatro Caminos, las declaraciones de Pedro Rollán, etc ... 

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El Palacio de Osuna en Aranjuez sigue abandonado casi un año después del incendio

Un socio nos ha compartido estas fotos recientes del estado en que se encuentra el antiguo Palacio de Osuna en Aranjuez, que también fuera residencia del afamado cantante Farinelli, en la época de la Farnesio.

El edificio, se hallaba dividido, y la mitad se encontraba en estado de total abandono, hasta que en mayo de 2018 ardió su interior, sin que desde entonces se haya producido ninguna consolidación o conato de recuperación.

El casco histórico de Aranjuez es BIC, y además el Palacio de Osuna se encuentra dentro del ámbito de "Paisaje Cultural de Aranjuez" declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 2001.

Sin embargo, no ha habido ninguna iniciativa pública desde la Administración Pública en estos meses, a pesar de ser la conservación una obligación de la propiedad, y existir herramientas como la expropiación forzosa que ante casos semejantes podrían emplearse con plena justificación.

¿Cuánto tiempo más pasará hasta que alguien haga algo? ¿Habrá que esperar a que se termine de hundir para que cobre "valor arqueológico"? Luego nos felicitaremos poniendo una placa en recuerdo del palacio barroco que ahí existió.

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LISTA ROJA de Hispania Nostra: El Palacio Farinelli o de los Duques de Osuna

 

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El Tribunal Superior de Justicia de Madrid falla a favor de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio y anula el Plan Urbanístico del Frontón Beti-Jai

La tarde del 17 de diciembre mediante una nota de prensa el TSJM ha comunicado la anulación del Plan Especial del Ayuntamiento para el Frontón Beti-Jai de Madrid. Queremos compartir nuestra alegría con todos aquellos que colaborasteis con nosotros tanto en el micro-mecenazgo así como en el resto de tareas que nos han ayudado a sacar adelante el contencioso. Desde que fue admitido a trámite el contencioso allá por enero estábamos a la espera de la resolución que hoy nos ha sido comunicada.

 

¡¡Gracias, muchas gracias y mil gracias a todos y todas!!

 

Fotomontaje sobre fotos históricas: Álvaro Bonet

 

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RESUMEN de PRENSA:

 

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METRO celebra su centenario destruyendo el acceso original de Gran Vía

Las obras de ampliación de la estación de Gran Vía se llevan por delante los restos originales del Metro cuando se inician los actos de conmemoración del centenario.

Un año antes del centenario de la inauguración ya lucen dos flamantes parejas de trenes recuperados de la colección de coches clásicos que atesora la compañía de Metro de Madrid. A su vez la Comunidad de Madrid tiene en obras la estación de Gran Vía desde hace meses con la intención de conectarla con Cercanías-Sol y dotarla de accesibilidad universal. Incluso se prevé la recuperación en superficie del templete original de Antonio Palacios.

Hasta aquí todo parece loable; sin embargo, cuando se dio a conocer el proyecto se pudo comprobar que la previsión contemplaba un vaciado de terreno de vastas dimensiones, incluyendo el espacio que ocupaba el pozo de acceso original a la estación, inaugurada en 1919. Preocupados por la suerte que pudieran correr sus restos, en noviembre de 2017 advertimos desde MCyP a la Dirección General de Patrimonio Cultural (DGPC) que el proyecto coincidía con la ubicación de parte desaparecida de la estación y que con toda probabilidad se hallaba condenada pero conservada ‘in situ’, pues cuando una estructura subterránea queda en desuso no se elimina sino que se entierra sin más. Y al tratarse de una estación de ferrocarril anterior a 1936, por la Disposición Transitoria Primera de la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, contaba con la consideración cautelar de Bien de Interés Patrimonial (ver documento).

En diciembre de 2017, apenas un mes después, la DGPC nos contestó por escrito asegurando que las partes en desuso de la estación (acceso y vestíbulos originales) se habían destruido en los años 70 y no quedaba nada: “las ampliaciones de la estación de Gran Vía realizadas, se hizo demoliendo el pozo de ascensores de la Red de San Luis y sus escaleras. Las galerías anejas fueron igualmente demolidas”. La cuestión era que la DGPC se eximía así de intervenir ‘a priori’, dado que no hay nada que proteger si nada se conserva.

Pero ya en febrero de 2018 -antes de empezar las obras- se supo que sí se mantenía el vestíbulo ampliado en 1934 -cuya existencia nosotros habíamos adelantado partiendo de los planos originales guardados en el Archivo General de la Administración- y El País y El Español publicaron una vista del mismo que confirmaba lo que MCyP aventuró: había restos conservados a pesar de la categórica negativa de la Comunidad de Madrid. Y a mitad del verano, con la estación ya en obras, apareció el remate del pozo, visible en una foto publicada en El País. Sonaron todas las alarmas: el acceso también se conservaba.

Tras una cuidadosa excavación arqueológica, que –por imprevista- exigió ampliar el presupuesto pero que presagiaba la recuperación de la configuración original de la estación de Gran Vía en paralelo a su ampliación y puesta a punto, se ha desvanecido la ilusión: todo lo encontrado ha sido demolido, borrando la traza del acceso original a la estación cuyo remate era el famoso templete antes mencionado. Las explicaciones ofrecidas por la DGPC, menospreciando el valor de lo descubierto, llegan tarde; las fotos tomadas durante las excavaciones desde edificios vecinos han ofrecido una vista lo suficientemente clara sobre los elementos arquitectónicos aparecidos, desde la estructura perimetral del pozo hasta la escalera con sus pilares metálicos, zancas, zanquines y zócalo escalonado en la pared, así como ornamentos cerámicos, incluido un escudo idéntico a otros que adornaron la línea 1 de Metro que fue publicado en un artículo a toda página en El País, y del que se conserva un único ejemplar en la estación de Tirso de Molina.

Somos conscientes de que el estado de deterioro que pudiera tener la estructura metálica, luego de permanecer enterrada y en constante humedad durante décadas, podría impedir su reutilización, pero no es excusa para no haber ideado un proyecto de apeo simultáneo a la excavación que permitiera descubrir todo lo conservado y un posterior proyecto de restauración que permitiese -sustituyendo las piezas en mal estado- recuperar la configuración original trazada por el arquitecto oficial de la compañía, Antonio Palacios Ramilo, quien diseñó espacios, acabados, y edificios auxiliares como las Cocheras históricas. Desde MCyP creemos que ha sido un error de cálculo grave no contar con la más que probable aparición de restos que, de haberse previsto, habrían podido ser integrados por los ingenieros de Metro en la estación reformada; pero es que además su destrucción podría ser constitutiva de un presunto delito contra el Patrimonio Histórico, por lo que hemos interpuesto una denuncia de los hechos ante la Fiscalía Coordinadora de Medio Ambiente y Urbanismo.

Una vez más, lamentamos tener que poner de manifiesto estos hechos, y tener que luchar contra la Administración Pública -con la que preferiríamos colaborar constructivamente- para defender la conservación y puesta en valor del Patrimonio que, por desgracia, seguimos viendo amenazado.

Agradecemos encarecidamente el seguimiento fotográfico de la excavación a Ezequiel Villajos, y el cartel del templete a Tina Paterson.

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INFORME: Velintonia, la casa silente de Vicente Aleixandre

(NOTA PREVIA: Una versión reducida de este INFORME está publicada en papel en la revista Madrid Histórico, nº78, de Noviembre/Diciembre de 2018; al final del texto se incluye un enlace web que conduce hasta aquí, para acceder a la versión completa del mismo). 

Una de las mejores reivindicaciones que podemos hacer por la memoria, la cultura, la historia y el Patrimonio de Madrid es defender nuestros ARCHIVOS HISTÓRICOS, pues son los responsables de custodiar la documentación de distintas épocas, que escriben nuestra historia más real y cotidiana y que describen el territorio y la ciudad y su transformación histórica. 

En Madrid capital resulta fundamental el Archivo de la Villa, en el gigante Conde Duque, que guarda cientos de kilómetros de memoria madrileña. Gracias a este archivo, y a otras casualidades de la vida ha surgido esta investigación que ahora presentamos: la intrahistoria de la casa de Velintonia, 3, la "Casa de la Poesía", la casa de Vicente Aleixandre. 

Es un edificio sobrio y discreto, sin grandes pretensiones, pero hogareño y con una escala muy humana. Su mayor trascendencia se la confiere sus circunstancias en las páginas de nuestra literatura, sin embargo hemos podido hacer una labor -casi de forense- para descubrir su origen, la relación estrecha entre la familia del arquitecto que la construyó, los Gallego, y la familia Aleixandre.

Con este nuevo INFORME de MCyP pretendemos aportar nuestro granito de arena al conocimiento, difusión y puesta en valor del Patrimonio Cultural, de manera que -abundando en la historia de esta casa de Velintonia- generemos una sinergia colectiva que nos conduzca a recuperar ese espacio de nuestra cultura universal.

Reiteramos nuestro agradecimiento al Archivo de Villa y su estupendo personal, que con gran profesionalidad y muy ajustados medios, atienden todas las investigaciones y búsquedas.

Por último, un especial agradecimiento a la familia Gallego, y a Katinka, que han hecho posible buena parte de este informe y han aportado imágenes inéditas.

 

Descarga (PDF): INFORME: Velintonia, la casa silente de Vicente Aleixandre

 

15 de Noviembre de 2018

 

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PATRIMONIO Y TURISMO: INTERFERENCIAS EN LA PLAZA DE LA ARMERÍA, por Javier García-Gutiérrez Mosteiro

Reproducimos por su gran interés y con permiso del autor, Javier García-Gutiérrez Mosteiro, el artículo publicado previamente el 17 de octubre en el blog del Club de Debates Urbanos.

 

PATRIMONIO Y TURISMO: INTERFERENCIAS EN LA PLAZA DE LA ARMERÍA, por Javier García-Gutiérrez Mosteiro

 

Desde que en el siglo XVIII se sentaron las bases de la contemporánea cultura de preservación del patrimonio arquitectónico, el proceso del turismo —o del prototurismo— se ha ido generando en interacción con ella (cabe, incluso, que hablemos de una cierta y sana convivencia entre las raíces de ambos conceptos en siglos anteriores). Con el nuevo orden establecido tras la II Guerra Mundial, la ampliación y mundialización de la noción de patrimonio ha corrido pareja con el extraordinario auge de la industria turística. Y en nuestros días, en fin, cuando en algunas ciudades históricas ya ha aparecido el término «turismofobia» y se adjetiva a esa industria como esencialmente «depredadora», podemos constatar las interferencias entre ambos vectores; caracterizar, en concreto, el conflicto entre dos opuestas visiones: la patrimonialización turística del bien (su restricción a este uso sobrevenido) frente a la dimensión urbana del patrimonio (como uso propiamente ciudadano).

Dejemos claro que no se trata de contraponer la conservación del patrimonio arquitectónico con el fenómeno del turismo (y la fenomenología que conlleva). Si nos encastillamos en los extremos —de un lado, quienes ven en la actual práctica turística un agente erosivo per se; de otro, quienes la contemplan como recurso económico al que no hay que poner cortapisas—, poco se puede avanzar. Convendría, más bien, establecer un razonable —si pudiera ser, «simbiótico»— equilibrio entre lo uno y lo otro.

En esta deseable coexistencia, tiene protagonismo la tan traída y llevada cuestión de la accesibilidad. En coherencia con la progresiva socialización del bien patrimonial producida en la historia —desde la propiedad privada del coleccionista de antigüedades en el Renacimiento hasta el actual concepto de «patrimonio de la Humanidad»— se ha ido conformando un ya irrenunciable derecho: el de acceso y disfrute del bien. Hoy, este acceder al patrimonio arquitectónico (acceso tanto cognitivo como material) puede y debe ser garantía de conservación; pero puede, también, plantear fricciones: ya lo consideremos desde las expectativas del turista (o de sus agentes, más bien) ya desde el rechazo del ciudadano a perder ese disfrute patrimonial —y por tanto, ese ser accesible— en su genuino valor de cotidianidad.

Cuando un edificio, un conjunto urbano o una plaza pública se descontextualiza de su realidad social por hipertrofia de su uso turístico, se produce una merma patrimonial; y con ésta, el riesgo de producir configuraciones aisladas —cuando no, indeseables parques temáticos—. La «musealización» del bien produce, con cierto sentido contradictorio, un menoscabo de lo que se quiere «poner en valor» (por utilizar este expresión tan generalizada como peligrosamente imprecisa).

En Madrid se nos presenta ahora un caso que ilustra el mal acuerdo entre presión turística y conservación de valores patrimoniales. Me estoy refiriendo al proyecto de Patrimonio Nacional para «accesos a la Armería del Palacio Real de Madrid, Museo de Colecciones Reales y Campo del Moro». La plaza de la Armería, aun siendo de reciente conformación, constituía —ahora veremos el porqué del pretérito— un momento estelar en el paisaje urbano de la ciudad. El hecho de que contara con los debidos niveles de protección (después, merced a la mágica varita descatalogadora, no tenidos en cuenta) avalaba sus reconocibles valores patrimoniales; desde los puramente formal-arquitectónicos hasta los paisajísticos: aquel espacio, como un plano metafísico y tajante, abierto al horizonte, en que se irguiera en soledad la estatua del monarca que implantó la capital de su imperio en tal lugar precisamente. Valores estos que eran captados y degustados por usuarios propios y ajenos: tanto por viajeros y turistas como por los habitantes de la ciudad; a unos y a otros se les podía —insisto en el pretérito— ver juntos, compartiendo las asombrosas puestas de sol junto a la verja que cerraba la plaza por su lado occidental.

Eso fue así hasta 2003, cuando comenzaron las obras del voraz Museo de las Colecciones Reales. La franja oeste de la plaza perdió su carácter y su suelo público (¿el Ayuntamiento tiene algo que decir?); el monumento a Felipe II desapareció (mejor es no indagar dónde y cómo se encuentra ahora); y la verja de marras…

Ahora que las obras del interminable museo parecen avanzadas, salta a la palestra un detalle que, sorprendentemente, no estaba contemplado: la accesibilidad directa de los visitantes desde Palacio. He aquí el quid —no quiero decir la razón— del proyecto que examinamos.

¿Qué es eso de que los sufridos turistas tengan que salir de nuevo a la plaza, se mezclen con los vecinos del lugar y hayan de pasar otra vez por las horcas caudinas de los controles y arcos de detección? ¡Nada de eso! Solución: se desplaza la verja hacia oriente un buen tramo (25 m de ancho), ocupando el suelo público y parte de la fachada de la catedral; y todos contentos. ¡Segregación perfecta!: los visitantes, por un lado (el de las fabulosas vistas); por el otro, los frustrados ciudadanos (que sólo verán el desfile de turistas encarrilados, como en los pasillos de vidrio y seguridad en los embarques de los aeropuertos).

Aun por si alguno de esos madrileños tuviera intención de entrar al —ya privado— mirador, con su ticket y en horario de visita, se pretende intercalar en la verja (justo en el lugar del que fue apeado Felipe II) dos nuevas construcciones para el necesario control: dos cabinas de diseño que se dice «transparente» y que (a juzgar por las perspectivas que incluye el proyecto) se nos aparece inexplicable; como inexplicable nos parece que estas construcciones, por mucha transparencia que aleguen, puedan ser compatibles con el nivel de protección de Palacio Real y su inmediato entorno.

Paremos un momento, por favor. Estimemos las verdaderas necesidades; consideremos ese deseable balance entre intereses. Con el proyecto que se está tramitando sabemos bien lo que se pierde; pero, en verdad… ¿qué se gana?

Madrid está esforzándose ahora en obtener la nominación Patrimonio de la Humanidad para el eje del Prado. Aquí está, junto a Palacio, la otra margen —la primigenia— de la ciudad histórica (no menos merecedora de tal mención). ¿Es mucho pedir una cuidadosa atención a los altos valores patrimoniales que aún conserva? ¿Es mucho reclamar acciones que, lejos de propiciar su deterioro, favorezcan la articulación del uso turístico —no sus «efectos perversos»— con la función urbana y social?

España, primera potencia mundial en el binomio patrimonio/turismo (segundo país, después de Francia, en turismo; y tercero, tras Italia y China en sitios declarados por la UNESCO), debiera liderar las buenas prácticas en la conjunción de ambos conceptos. Tal política de turismo cultural tendría que ser de interés estructural para el Estado y para sus organismos públicos. Uno de éstos es Patrimonio Nacional, quien tanto ha hecho y sigue haciendo en pro de la conservación y adecuada gestión de destacadísimos conjuntos históricos (que en buena parte son patrimonio mundial); lástima sería que su labor de tanto tiempo —continua, callada y sin ostentación— se viera ahora desleída por una intervención tan poco atenta a ese indicado binomio como la que aquí nos ocupa.

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Charla radiofónica sobre el Patrimonio Cultural en M21 Radio.

En el programa PERSPECTIVAS de este pasado 16 de octubre, aprovechando el certamen Madrid Otra Mirada (MOM), dedicaron el programa a hablar de algunas de sus actividades (Museo ABC, Escuela del Patrimonio Cultural y Neomudéjar). Además, se presentaró la programación del Teatro Flamenco de Madrid.

El programa contó con la presencia de varias autoridades en materia de Patrimonio:

  • Alicia Torija, profesora, investigadora y activista.
  • Araceli Sánchez Garrido, jefa adjunta del Departamento de Cooperación y promoción cultural de la AECID (Agencia  Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo).  
  • Araceli Pereda, Presidenta de la Asociación Hispania Nostra, dedicada a la defensa del Patrimonio cultural en todo el territorio español.
  • María Belén de Alfonso Alonso-Muñoyerro, Subdirectora del Archivo Histórico Nacional.

 

 

El programa:

Perspectivas une arte y radio. Su intención es la de llevar el formato radiofónico al plano artístico de manera que estas dos facetas de la comunicación (al fin y al cabo, es de lo que se trata) se vean representadas. Cada espacio analiza una temática filosófica, social, artística, desde distintas vertientes, con sonidos en directo, con voces y opiniones más que autorizadas, con música y efectos sonoros. Pero, además, cuenta con un cuadro propio, una expresión en su esencia más viva, la del arte. Se emite todos los martes de 15 a 16 horas

Puedes escuchar aquí el programa:

La tertulia sobre patrimonio cultural del pasado día 16 de cotubre transcurre entre minutos 7.56 a 33.25

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